¡Os acordáis del vocabulario que  utilizábamos en los años 90! 

Nasti de plasti.

El primero de muchos pareados que marcaron la década en la que los jóvenes descubrimos la rima consonante y decidimos hablar en verso, cual delicados poetas macarras. Como muchas de las expresiones de la época, esta proviene del caló, la lengua de los gitanos: nasti significa “no” (y en sánscrito “no hay”). La segunda parte es solo una palabra inventada que rima.

Así éramos.

¡Yes, very well fandango!

Ah, la lengua de Shakespeare en nuestras manos siempre sufrió de lo suyo, y en esta época atormentábamos a nuestros profesores de inglés usando el “very well fandango” cada vez que queríamos decir que sí. No está claro si la canción de Medina Azahara fue responsable solo de su difusión o si ellos también idearon la bonita expresión.

Me abro.

Eso cuando estabas más serio y no hacías una salida a lo grande diciendo que “me las piro, vampiro”.

Cuesta dos talegos.

¿Qué podría costar dos talegos entonces? ¿Cuánto costaría ahora? En la feliz época pre-euro un talego eran 1.000 pesetas (y, curiosamente, el talego también era la cárcel), y no hablaríamos bien inglés pero éramos reyes de las matemáticas y decíamos “veinte duros” en vez de 100 pesetas.

La basca.

Confieso que a mí “la basca” siempre me sonó a algo que dice alguien mayor que quiere hablar como un joven pero le sale mal, quizá porque siempre relacioné la palabra con el programa de Jesús Vázquez (hay algo raro en la televisión de masas usando argot), porque me recuerda a artículos de la SuperPOP que escribían adultos o porque era muy joven para todo esto. En mi entorno se hablaba más de la peña.

¡Fetén!

¿Para qué decir “fantástico” cuando puedes decir “fetén”? Este término olvidado durante muchos años se está volviendo poner de moda, reivindicado por el sector más hipster y moderno de la sociedad. Se trata en realidad de un préstamo del caló, como muchas de las palabras de la jerga de la época.

¿Y tú de qué vas? ¡De Bitter Kas!

¿Cómo se mide el éxito de un anuncio en la tele? No está claro si se vendieron muchos más Bitter Kas gracias a este spot (las cosas claras: sabía mal), pero si lo que buscaban era dejar huella en el lenguaje de toda una generación, los objetivos quedaron más que cumplidos. Eso sí, no es de esas expresiones que han envejecido bien. Si le dices algo así a alguien que no vivió esa época te mirará con horror.

Dabuti.

Dabuti, dabuten, debuti… escoge tu variación preferida. La palabra viene del caló también puede ser de reyes, un vino italiano llamado “Da Butti” y un malentendido.

¡Facinerosos!

Ya está, ya tienes de pronto la imagen de Jesús Gil en el jacuzzi y te he estropeado el día. Aunque la palabra “facineroso” (“delincuente habitual”, según la RAE) se usaba antes y se siguió usando después, todos sabemos que tuvo un pico de popularidad gracias a su memorable “sociatas, babiosos y facinerosos” del que, todo sea dicho, no he encontrado referencias en Internet. ¿Será un caso parecido al de Ricky Martin, el armario, el perro y la mermelada?

Efectiviwonder.

Nuestro ingenio no tenía límites y muchos todavía miramos con nostalgia aquella época en la que podíamos coger a un cantante como Stevie Wonder y fundirlo con una palabra como “efectivamente” y crear una expresión que todavía se sigue usando en determinados círculos (los defensores de fetén). ¡Y todo sin sonrojarse!

¡Alucina, vecina!

Otro anuncio que caló hondo. Aquí hubo un problema de marketing bastante claro, ya que nadie recuerda qué muñeca se anunciaba exactamente (era un bebé llamado Gugu, lo he investigado). Los de “Bea, Bea regatea” lo hicieron mejor. Todos decíamos que Bea regateaba en vez de gatear, pero por lo menos nos quedamos con el nombre de la muñeca.

¿Te has tomado un tripi?

Los 90, bien lo sabemos, fueron la época dorada de las drogas en España, y en pleno apogeo del bakalao y la música techno, la droga de moda eran los tripis. Por lo menos en el vocabulario popular de los niños y adolescentes de la época. Sé esto porque lo recuerdo y porque acabo de ver un episodio de “Al salir de clase” para inspirarme y Elena le soltaba la frase que encabeza este párrafo a su hermano Alberto en una discusión.

¿Es nuevo? No, lavado con Perlán.

Otro anuncio grabado en nuestro cerebro que no nos permitía contestar de forma sincera a la pregunta de si algo era nuevo. ¿Cuántas veces dijimos con una risilla el “no, lavado con Perlán”? ¿Cuántas de esas veces era cierto?

Meterse en el sobre.

Si eras guay de verdad, de esos que molaban (mazo), en vez de irte a la cama te metías en el sobre. Tronco.

El menda lerenda.

Menda viene también del caló y sirve para referirse a uno mismo, algo que se puso de moda en la década de los 90 como bonita forma de hablar de nosotros mismos en tercera persona. “La menda no te piensa prestar el Flic-flac”, por ejemplo. Lo de “lerenda” es como el “plasti”, un bonito adorno para que todo rime y podamos seguir hablando en verso.

 ¿Te da cuen?

De la época en la que la sociedad española se dividía entre los fans y los haters de Chiquito. Los primeros repetían hasta la saciedad sus pecadorr, cobarrde, fistro y hasta luego, Lucas; los segundos odiaban un poquito más cada vez que escuchaban cualquiera de las expresiones.

Hacerse unas risas.

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo? ¿Las risas que nos hacíamos antes todos juntos? Hoy no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado

 

 Ana Bulnes.

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